-Metropolitano-

Escrito por en septiembre 14, 2009 a eso de las 7:14 pm.

Vivo entre aceras y calles.
Entre los distintos matices del odio.
Entre la aberración y el simple deseo de ser honesto.
Entre el descaro y la sinceridad.

Camino con mi mirada baja,
Para no toparme con el tiempo.
Tiempo que se evapora antes de tocarme,
Por el calor que emano.
Dentro de mi arde el fuego del aburrimiento y el ocio.
Lastimosamente la madera es mi productividad.
La materia prima en ebullición es mi vida.

La rutina no es más que una solución.
Una manera de darle vueltas a todo lo que es al fin y al cabo:
Monótono.
Todo lo que al fin y al cabo es repetitivamente infinito.

Lo peor es el hecho de que cuando requiero de tiempo para aplicar,
Este ausente siempre se encuentra,
Siempre se anda por los bosques de escasez.
Y burocráticamente me llena de promesas.

La totalidad de lo que me rodea es estrepitosamente conocido ya.
Se exactamente que voy a sentir como y cuando…
Se el por que,
Se el como y se el para que.

Este calor adentro mío y su proceso de cocción,
Satura mis sentidos.
Nubla mi vista el vapor.
Y he perdido mi olfato.
No es que haga falta…

Yo mismo me encargue de sellar mis ojos,
Los soldé.
Así quizá en medio de esta industrialidad pueda encontrar algo.
Una especie de sorpresa…
Algo que me haga pensar,
Eso que llamo un “no se que”.

Algo que en medio de mis obsoletas cualidades,
Sepa rebuscar,
Pero sobre todo encontrar,
Aquel lodoso y primitivo yo;
Quien entre raíces y silencios,
Supo sonreír a pesar de la destrucción.

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