– Sueños –

Tenía tiempo esperando ver ese brillo en tus ojos de nuevo.
Aquel que en algún momento me vistió.
Tiempo esperando verte bañada en ilusión.
La propia función.

La metamorfosis.
Ha sido.
Sos.
Completa una vez más.

Mi deber ha sido.
Aquella tarea de verte llegar a buen puerto,
en la balsa que construímos juntos,
y ha llegado a su fin.

Si bien fue duro el flotar a la deriva,
mientras te llevaba la corriente.
Nunca dejé de soñar con este día.
En el que ambas saludaran desde la costa.

Lo sueños actuales tiene ese residuo.
Esa esencial manera de suscitarse.
Dos figuras se van lentamente.
Hiportemico repitiendo mi mantra.

“Esto es por su bien”.
Siempre lo creí. 
Y lo sigo creyendo
Es lo mejor, es para bien.

Tus credenciales y tu ser,
han revelado en mi todo lo que no soy.
Juré que era un mejor hombre.
En mis sueños lo fui.

En mis sueños por momentos,
recuerdo las mañanas, las tardes y las noches.
Tantas noches.
Las noches…

Somos lo que fuimos.
Y siempre seremos.
No habrá manera de borrarlo.
Unidos en trifecta la energía fluirá.

Sin embargo, vos sos eslabón de una nueva cadena.
Y yo también lo soy.
En sueños quedan marinados los recuerdos.
Dignos para visitar en silencio.

En sueños quedará siempre,
aquello que fue en algún momento;
nuestra realidad.
Nuestra y nada más…

– Shuffle –

Venos a ambos, todos crecidos ya.
Hace apenas un puño de meses
eramos dos jovenes,
pretendiendo ser adultos de la mano.

Tantas cosas han pasado en tu vida y en la mía.
Tantas que sabemos, suponemos e ignoramos.
Instantes dentro de nuestro bancos,
que es mejor mueran en el infinito silencio.

Esos solitarios momentos rodeado de miles.
Esos en que medito lo que quisiera estuvieras aquí.
Pienso en lo mucho que extraño mi vida.
En lo mucho que extraño a mi mujer.

Ahora adultos ambos tenemos
todo aquello de lo que hablamos
juntos en el colchón mirando arriba,
de la mano bajo la colcha.

Tibio infierno de mi infinito recuerdo.
Preciso.
Fría realidad que invade con dolor.
Muerte.

Es dificil recordar
la última vez que me sentí así de joven.

Recordar.

¡Qué concepto!

Dicen que es revivir.
Yo pienso que es morir de nuevo.
Repetidamente.
Una y otra vez.

Las aceras de Guadalupe,
se vuelven las de Barrio Dent.
Las que siguen avanzando bajo mis pies,
y estamos en San José.

Cuarenta y cinco minutos y;
¿Dónde he estado?
Entre tanto bus y smog,
todo este silencio en mi mente.

La ciudad solo encierra instantes en las esquinas.
Palabras en mi mente.
Huecos en mi alma.
Ausencias sonoras en mis días.

Es como si supiera de que color es todo.
Pero no lo es en realidad.
Desaturación.
Todos los rincones que pesan de semántica.

Los que dicen que pareciera que ahí quedó mi vida.
A quienes les he negado la razón.
Los que dicen que tengo que superarlo.
A quienes les he negado la acción.

De los tiempos que no volverán.
Los silencios que imperan.
El tiempo que pasa y envejece mi carcaza.
Los miles de intentos fallidos de tomar el bus.

Los infinitos segundos que encierra una vida
que muere cada dos o tres instantes del día.
Estas palabras no suman.
Solo prentenden ser gotas que rieguen una planta.

Aquella que purifica el aire.
Y de vez en cuando dio una flor.

– Custodia –

Guarda cada momento con la dicha que se te ha concebido.
Lo dichosa que sos y aún no lo notas.
La estructura de cada una de tus miradas.
Estudiadas y gentilmente diseñada.

Cada miramiento se vuelve infinito,
una vez que entro en el abismo del análisis.
La minuciosidad con que te han creado,
es algo digno de perderse en.

De como las palabras salen aventadas,
inconclusas, instantes previos a tu carcajada.
La manera en que ese sentido del humor se asoma,
respira y volves a ser vos

Primor del arquitecto que te hizo.
El cuido de los detalles y tu mikrós
Filigrana diagramación.
Bendita armonía de la lectura divina.

La manera en que tus labios calzan.
Yuxtapuestos uno encima del otro.
Es romántico…
No las reglas estereotipadas.

Los cánones desencajados se sientan a observarte.
A mi me entretiene y observo.
Como sus ojos hinchados buscan razones.
En esta banca del parque estudio tu realidad.

A la distancia en silencio.
Por momentos no tanto por que se quiere escapar.
Aquel deseo inaudito de querer…
Sin embargo sé, lo que es la noche.

Custodio.
Y te imploro lo hagas también.
Que lo que se sostiene entre tus costillas es único.
Cada instantanea fragmenta y regala vida.

De cuido.
Casi con el mismo satinado detalle,
mismo con el que se te ha cubierto la piel.
Aquel que corre por tus venas y llena tu corazón.

A mi ni un café con la parca me salva de esto.
El atardecer infinito en el desierto ya tiene aroma.
Una imagen proyectada en mi mente y ansioso espero;
Las ideas que dará en el escandaloso silencio.

Una eternidad para pensar en ese beso que no se dio.
En ese roce de pieles condensado en el tiempo.
La mañana con tu aroma en mis tejidos.
Y recordar la manera en que sonreís con todo tu cuerpo.

Custodio y de alto cuido.
Tu belleza es algo que inicia adentro.
Sale por tus ojos y descansa cuando se posa,
en tu sonrisa que reta y me hace cuestionarme.

La existencia, el tiempo y el por qué.

– Ciego –

Mis ojos te ven, pero no estás ahí.
Constante pero ausente.
Más presente que la carne y el hueso.
Imponente.

Es un deseo, algo que no termino de entender.
Una ciencia del sentir.
Del deseo por el bien.
Positivo, y solo eso.

Mi deseo es el de tu protección.
Un amor infinito que sana.
El desinterés total.
El desinteres de querer con el corazón.

Acá no cabe el deseo ó la razón.
Es algo metabólico que se reduce a eso.
Desear el bien.
El de tu ser.

Que nunca derrames una lágrima de más.
Que nunca se sellen tus labios ocultando esa sonrisa.
Que nunca te encuentre la obscuridad en un cuarto,
sola sin el hacha salvadora de un buen recuerdo.

El noble amor ciego que se encierra.
En las palabras mudas que mueren dentro de mi.
Deseando siempre y exclusivamente,
perfección.

Que nadie te lastime.
Y que quien lo haga — entienda.
La infinita benevolencia de tu alma.
Aquella que solo suma a la existencia del orbe.

Que sobre tus hombros yace,
la inocencia de la esencia,
de ser puro.
De saber amar.

– Exhala –

Se nos ha ido tan rápido.
Tres años llenos de meses vacíos.
De días sin sentido.
De noches extrañándote con el dolor en el pecho.

Cuando las costillas hacen ese recuerdo real.
Aún sucede…
Aún hoy.
Sucede.

Recordar la infinidad de veces que prometí amarte.
La infinidad de veces que fui correspondido.
La mágica manera en que comprometí mi alma.
Para ahora viajar remoto, sin ella.

Mi alma se quedó estancada en un 19 de mayo.
El día al que nunca pertenecí.
Un día en que se celebra la vida.
Una importante, que sigue.

Miles de satellites orbitan nuestro planeta.
Sirviendo a la vida en la tierra.
Invisibles.
Cumplen su función y callan…

Yo no soy tu luna.
Tu luna camina de la mano con vos día a día.
Menos aún podré ser tu sol.
Tu sol te ilumina el camino y regala la vida.

No soy más que una creación del hombre.
Nada divino, nada especial.
Un obsceno silencio a ochocientos metros.
Como aquel niño que se enconde de sus padres.

Y aquella vaga idea de regresar.
Volver ambos al altar.
Tiene el mismo futuro que un hijo de Saturno.
Devorado sin cabeza por nuestro temor…

No soy más que ese cuadro de Goya,
en la sala de tu mente.
No más que el mito de Sísifo.
No más que el recuerdo silenciado.

Exhala, me recuerdo.
Tres años han pasado y es hora de respirar.
Pero el miedo reside en soltar y liberar los pulmones.
Y que con ello escape, la poca vida que tengo en ellos.

¡Que se celebre la vida!
Eso nunca cambiara.
Desde mi ausencia es más vida.
Y esa muerte es sanidad.

La de la tierra y su satelite.
La del sol que en 8minutos ha de llegar.
Mi felicidad es ver la tuya.
A distancia, y a callar.

{07-03-11}

– Daño –

Por soltar la roca en cause de este río.
Por montarnos en la corriente,
sin tomar en cuenta los parasitos
dependientes de nuestros cuerpos.

Porque somos ecosistemas para vidas,
cuyo sentido es tan vacío como la dependencia.
Porque un puente entre nuestros ecosistemas
terminaría acabando con ambos.

Vos y yo debemos de determinar.
Si el fin de todo lo iniciado es lo correcto.
Si el dejar que todo fluya con el agua es lo propio.
Si nada más importa en este mundo y es mejor la muerte.

La muerte de todo aquello incomprendido.
El fin de todo aquello que requiere explicaciones.
Todo lo que no es metabólico.
Lo no pertinente a lo metafísico.

Lo mundanamente humano.
Lo sucio, lo que requiere de palabras.
Todo aquello que atrapa lo escencial.
Lo ahoga, mediante el hacerlo respirar de este aire.

Ha sido un placer experimentar esto.
En un plano espiritual de miradas y silencios.
Perdido en las sordas palabras que nunca ocupamos.
Entre la traslación de la rotación y 10 grados norte del ecuador.

A temperatura ambiente.
Aclimatados.
Perdidos en la calma de la desesperación.
El querer algo y saber que eso no es poder.

El saber que en este caso, el río corre,
se lleva a uno y el otro queda.
Los ecosistemas se salvan, la vida prevalece.
Y los sueños mueren.

Los sueños mueren.

– Mejilla –

Ni al tanto estás.
De lo que genera ese perfil.
La cabellera enredada hacia el sur.
La mejilla descubierta y esa marca.

La marca que ví infinitas veces.
Acercandose.
Acechando.
Y luego viró para estrellar un beso.

Un lado izquierdo reconocido.
Un millar de corazones retorcidos.
Las ideas y la distancia.
Los recuerdos y la constancia.

La delicia de violencia en cada palabra.
Mundanamente cargada del fino sentir.
Lo carnal y lo sonoro.
La distorsión de la nota más limpia del violín.

De triángulos y cuadros.
De palabras silenciadas.
El circulo está circunscrito.
El significado sánscrito.

Guarda esto.
Yo lo guardaré.
Silencia.
Yo callaré.

Pero esa mejilla,
se hará visibles en mi rostro.
Por que me mata cuando arrancas tus ojos.
Cuando despintas tus uñas.

Cuando nos reducimos a la base,
la esencia de lo que somos.
Cuando disparamos realidades,
que nadie más podría comprender.

Cuando en dos silencios,
se escuchan las corcheas.
Y la muerte recuerda
lo que fue estar vivo.

– Fragmentario –

Cuantas noches tenga el año.
Así como mañanas o tardes…
Madrugadas eternas.
Segundos primerizos que nunca terminan.

Miradas en el vació de la estática de un monitor.
Recuerdos.
Jugar con el límite de resistencia de esta bolsa,
en la que guardo mis emociones.

Una bolsa de carne y hueso.
Una espiral infinita.
Girando, moviendo.
De adentro hacia afuera y viceversa.

Fragmentario del imaginario.
En el que tengo conversaciones con vos.
En donde te abrazo al dormir.
En donde reímos en la mañana con el café.

Hoy no pude más…
La espiral ha volteado mis entrañas afuera.
Es necesario ver mi pasado a los ojos.
En necesario sentir su aroma entrar una vez más.

Las palabras, las miradas, las sonrisas.
El dolor.
Es todo tan real, tan verdadero, tanta alegre tristeza.
El amor.

El extravío.
La errada colocación.
La malposición.
Yuxtapuestas realidades, sin intersección.

En esta noche ambos entendemos,
lo mucho que cada uno ha pretendido.
Que nadie ha avanzado.

Que esta fachada fue pintada con mala pintura, que con el tiempo se seca y cae.
Pintura que yace en la acera.
Se la lleva el viento.
Y deja de vez en cuando ver las grietas que filtran los elementos a la casa.

Una casa que construimos.
En la que habita el recuerdo.
El recuerdo de dos ó tres.
Aromas a comida, sonidos de alegría.

Yo soy tuyo y vos de mi persona.
El destino y la vida así lo decidió.
Los humanos y su naturaleza antagónica…
Es algo que se palpa cuando tu cuerpo se acerca al mío.

Cuando tu alma sonríe de vuelta.
Cuando no quedan argumentos,
y las diferencias caen como estructuras abandonadas.
Cuando somos nosotros una vez más.

Cuando 7 años de proceso quedan atrás.
Cuando en silencio volvemos a tener 18 y 20.
Cuando sonrojados no podemos ocultar,
con la brisa de mar esa misma atracción que sentimos hoy.

En el fondo siempre seremos esos dos.
En fondo siempre estará ese temor al primer beso.
Lo difícil es recordar hace cuanto fue el último…
El último primer beso que nos pudimos dar.

La vida es cruel.
A su vez es hermosa.
Hoy en día no se mucho de ella.
Vivo más mirando al horizonte contemplando mis viceras.

Ignorando mis sentimientos.
Construyendo una fachada de arena en un huracán.

Por unos instantes una noche de verano.
Ser persona.
Habitar este cuerpo…
Estar completo nada más.

Sentirse. Bien…

– Desprecio –

De todo lo que odio.
Me acuerdo.
Todo lo que odié.
Añoro.

De aquella noche de trova,
en aquel remoto bar.
En medio de esa montaña.
A la luz de las candelas.

De no creer en el dios.
Pero seguir condenándolo,
por lo que nos hizo.
Cuando nos deshizo.

En ponerme en su lugar.
Pensando que haría si fuera el.
Es como jugar lotería y soñar.
Así de frustrante.

De los momentos de pelea.
Y como no los detuve con un abrazo.
Los problemas que nos agobiaban,
no eran más que caprichos.

El deseo de sentirse solo en este mundo.
Vuelve.
Cada vez que recuerdo lo que es realmente estar acompañado.
Mientras estoy rodeado de personas.

Cuantas veces corrí a vos por un abrazo.
Tranquillité, paix et la sécurité.
Las veces que al otro lado de la mesa, te dibujo.
La solitude et le vide.

El interminable instante que es el recuerdo.
No esperaría una respuesta fácil, jamás.
Las voces, sensaciones y ruidos.
Lo que cobija esta fachada.

Lo que — todos los días — carbura el corazón.
Guarda silencio y pensa lo que decís.
No te dejes contaminar por los peros.

Yo se que este segundo ha sido una eternidad, para vos también.

– Sepelio –

Esta noche es un adios.
La despedida de alguien que nunca conocí.
Es más sobre las carcazas que quedan acá,
que la que yace vacía.

El ánima se va con amor.
Primario.
Secundario.
Y hasta simpatía…

Pero la presencia la siento yo.
Algo que se supone murió hace mucho,
anda acá entre nosotros.
Entre los cuerpos, entre humanos.

Entre el cemento mojado.
En las plantas y grupos de personas.
Entre quienes olvidaron donde están.
En la persona que está frente a mi.

Vos y yo sabíamos de este momento.
No puedo disimular.
No es la primera vez, ni la última
que me enamoraré de vos.

Como dos niños incomodos en el recreo.
Como dos amigos luego de años de no verse.
Como la pareja de divorciados que nunca se dejó de amar.
Como lo que sea que somos vos y yo.

La energía condensada en el saludo.
Más aún en ese momento en que las manos se rozan.
Las cargas.
Los sentimientos…

Tantos años han pasado ya y no puedo dejar de sentirlo.

Tantos años han pasado ya y no puedo dejarlo salir.

Son las ganas de cobijarse con ese sentimiento.
Compartir el aliento y el calor bajo las sabanas…
Compartir las risas y los suspiros.
El dolor y la desesperanza.

El decir que todo va a estar bien mientras lloras,
aún cuando siento más miedo que nunca.
Aún cuando no se que hacer ni como hacerlo,
pero valientemente sabiendo que lo haré.

Es verte a lo lejos mientas la cuidas y proteges.
Es verte sonriendo y sabiendo que estás feliz.
Saber que todo está bien.
Aún cuando no lo se…

Un abrazo de seis manos,
tres corazones,
seis pulmones.
Carcajadas…

Nada nunca va a superar esa energía.
La fuerza original.
El amor.

Ánimas.
Eso somos…